Ningún tiempo pasado fue mejor

Las encuestas no son más que fotos fijas de estados dinámicos de ánimo y de opinión. Cada vez que se publica una, a continuación se suceden incesantemente las interesadas lecturas por parte de las diferentes parroquias.

Hay que manifestarse radicalmente a favor o en contra para no desentonar con la polarización reinante, eliminar a quien nos viene bien, resaltar el dato con la relación causa- efecto que nos conviene o denostar a quien nos parece, todo es uno.

Al margen de la supuesta cocina que lleven y que nos preguntemos si fue antes el huevo o la gallina, hay datos que me preocupan cada vez más.

Parece que alimentar la polarización es
una gracieta de la que participar es condición indispensable aunque a mí me parezca una de
las cuestiones más graves que pueden plantear partidos que en otros momentos trabajaban
por mejorar la convivencia y que ahora son incapaces de mantenerse al margen de este fenómeno.

Más del 50 % del discurso de algunos líderes en absoluto tiene que ver con plantear medidas
para asumir responsabilidad sobre la crisis sanitaria y económica que vivimos y sin embargo sí lo es para avivar el fuego de la división con invectivas contra el enemigo para reunir su rebaño.

Además de contra el político, cada extremo contra su molino, unos contra los ricos y otros contra los inmigrantes, lo importante es mover el miedo para rentabilizarlo en votos con facilidad.

Hay dos noticias hoy que sumadas me ponen los pelos de punta, la subida que experimentan tanto en España, como en Francia, los extremos en concreto los de la derecha. Señalando que en el caso francés, la mitad de los obreros tienen la intención de votar a candidatos de la extrema derecha en las presidenciales del próximo otoño.

Mientras el mundo va hacia las sociedades diversas y abiertas, precedido por la interconexión de la economía sin atisbarse vuelta atrás en ningún caso, hay partidos políticos que todavía no dudan en alabar medidas autárquicas perjudicando preocupante y principalmente a aquellos que pretende proteger, veáse los resultados BREXIT. Verlo con normalidad, es ya un problema.

En lugar de hacer que el eje urbano-rural deje de contraponerse para equilibrarse con inversiones y opciones vitales acordes con los nuevos tiempos de teletrabajo, se potencia la división modernidad-tradición como si volver hacia atrás fuese una opción beneficiosa.

Es una pena que todo esto ocurra cuando los Fondos Europeos pueden ser el motor de esa nivelación tan necesaria como motivadora del trabajo conjunto y no tratar que todo salte por los aires envueltos en la ilusión mental de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Algo que no prueba ningún dato pero si pregona el populismo de ambos extremos.

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