EL TALLER DE LAS REVISIONES

Clara dirigía una multinacional y tenía fama de anticiparse a cualquier problema. Sus instalaciones pasaban rigurosas inspecciones, los equipos recibían mantenimiento preventivo y ningún vehículo circulaba sin haber superado su revisión.

Sin embargo, ella llevaba meses funcionando con averías que nadie parecía detectar.

Dormía poco, comía deprisa, había abandonado el ejercicio y apenas encontraba tiempo para conversar con alguien sin mirar el teléfono. Cada vez estaba más irritable y le costaba concentrarse.

Una mañana, durante una visita a una fábrica, encontró a una mecánica desmontando una máquina que aparentemente funcionaba perfectamente.

—¿Por qué la paras si no está estropeada? —preguntó.

—Precisamente para que no llegue a estarlo.

La mecánica le mostró una pequeña pieza desgastada.

—Si esperamos a que se rompa, probablemente arrastre consigo otras diez. El mantenimiento no consiste en reparar lo que falla, sino en cuidar lo que queremos que siga funcionando.

Clara sonrió. Aquella frase le resultaba familiar. Era exactamente lo que repetía a sus directivos cuando hablaban de inversiones.

—¿Y qué haces cuando la máquina empieza a hacer un ruido extraño?

—Escucharla. Nunca castigarla por avisarnos.

Aquella noche, Clara comprendió que llevaba demasiado tiempo ignorando sus propias señales. El cansancio, la tristeza, la tensión muscular y la irritabilidad no eran enemigos que debía vencer, sino mensajes que necesitaba atender.

Comenzó a reservar tiempo para moverse, descansar, alimentarse mejor y hablar de aquello que le preocupaba. También aprendió a pedir ayuda antes de sentirse desbordada.

No dejó de tener responsabilidades. Simplemente dejó de tratarse como una máquina que debía funcionar indefinidamente.

A veces me pregunto por qué somos capaces de invertir tanto en mantener aquello que poseemos y tan poco en cuidar aquello que somos.

Quizá deberíamos empezar a entender que nuestra salud física y emocional no es un premio que nos concedemos cuando terminamos de trabajar, sino el mantenimiento imprescindible para poder seguir viviendo, liderando y disfrutando.

Aruca Gómez

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