Cuando la tecnología irrumpe en nuestras vidas con cambios tan bestiales como los que estamos viviendo y como los que vamos a seguir navegando, hay veces que nos descoloca tanto que, si no has cogido el tren del aprendizaje de por vida y al menos has seguido en formación, o como me gusta decir, en construcción, puedes acabar convertido en un tronco añoso y seco al que cualquier golpe fragiliza o incluso tira.
Enroscarse en lo que ya sabemos hacer, tratando de disimular, no evita que se note que no estás progresando. Lo que hace es perjudicar tu desempeño, el de tu organización y también el de tu entorno más cercano.
Y, sin embargo, nunca es tarde para cargarte una versión mejorada de ti mismo.
Reconocerlo y pedir ayuda es imprescindible, aunque a veces podamos tardar una vida en ponerlo en práctica. Porque no siempre es fácil aceptar que ya no basta con lo que sabíamos, que resistirse no protege, y que seguir aparentando seguridad mientras por dentro todo se mueve solo bloquea más el avance.
La buena noticia es que no tienes por qué hacerlo solo.
Siempre puedes apoyarte en alguien que entienda por lo que estás pasando y que, con la máxima confidencialidad, te ayude a liderar el cambio en ti mismo. Ese cambio que no solo te hará adaptarte mejor, sino vivir más relajado, más consciente y más cómodo en medio de la incertidumbre.
No le des más vueltas.
Si te has propuesto navegar la incertidumbre sin necesidad de ser el más listo de la sala, escríbeme.




















