Tras el efecto Maricarmen, como fuegos artificiales, pocos me parecen dos decretos aprobados prácticamente de la noche a la mañana para intentar atajar problemas que llevan años sin encontrar una solución suficiente, gobierne quien gobierne.
Y es que la política tampoco escapa a nuestros sesgos.
Kuran y Sunstein tenían más que razón cuando dieron un paso más hablando del concepto de «cascadas de disponibilidad». Cuando un asunto toma aire, crece y termina convertido en un gigantesco globo alimentado entre todos, no solo consigue acaparar nuestra atención. También puede alterar la percepción de las prioridades y aumentar la presión para actuar.
Y actuar es necesario. La vivienda lleva demasiado tiempo esperando soluciones.Lo que me preocupa es que sigamos confundiendo velocidad con innovación y no parezca simple populismo.
Vivimos en un mundo más global, conectado y complejo que nunca y seguimos tratando de resolver los grandes problemas desde los mismos circuitos. Un día los lobbies, otro los ciudadanos, otro los partidos, otro los expertos. Cada uno hablando en su espacio y después el Gobierno intentando construir in extremis y artificialmente los apoyos parlamentarios necesarios para aprobar una norma.
Quizá innovar políticamente sea precisamente sentarlos juntos a todos.
Crear espacios donde ciudadanos, expertos, administraciones, sectores afectados y fuerzas políticas puedan compartir información, confrontar intereses y construir alternativas antes de llegar al decreto y a la negociación parlamentaria.
Porque modernizar la Administración no consiste solamente en digitalizar trámites, cruzar datos o mejorar los mecanismos de control.También debería significar innovar en cómo pensamos, deliberamos y decidimos juntos.
Sería una tristeza que la modernidad llegara a todas partes menos a nuestra manera de gobernarnos.
¿Y si la verdadera innovación política no fuera aprobar más rápido, sino aprender a decidir mejor?




















