Lucía era brillante. Había construido una carrera sólida, dirigía un gran equipo y todos confiaban en ella. Sin embargo, cada noche tenía la misma sensación: hacía tiempo que nada la desafiaba. Se había vuelto experta en moverse por terrenos conocidos.
Un fin de semana decidió hacer una ruta de montaña. Antes de comenzar, un viejo guía le entregó una piedra y le dijo:
—Llévala contigo hasta la cima.
Lucía sonrió. Aquella piedra era una carga absurda. Durante la subida maldijo su peso, pensó varias veces en dejarla y llegó incluso a enfadarse con el anciano. Pero siguió caminando.
Al alcanzar la cima, el guía le pidió que dejara la piedra en el suelo.
Entonces sintió algo inesperado: su mochila parecía ligera, sus piernas fuertes y su respiración tranquila.
El anciano sonrió.
—La piedra nunca fue el desafío. El desafío eras tú. La incomodidad no apareció para detenerte, sino para enseñarte que eres mucho más fuerte de lo que imaginabas.
Lucía comprendió que llevaba años evitando cualquier situación que la hiciera sentir insegura. Sin darse cuenta, también estaba evitando crecer.
Desde entonces empezó a elegir, cada cierto tiempo, un proyecto que le diera miedo, una conversación difícil, una habilidad nueva, un escenario desconocido.
Descubrió que la incomodidad nunca desaparece por completo. Lo que cambia es la persona que la atraviesa.
Y entendió algo sobre lo que quiero reflexionar, que el verdadero liderazgo no consiste en permanecer donde uno ya domina el camino, como reza el libro “ lo que te ha traído aquí no te llevará más lejos” sino en tener el valor de recorrer senderos donde todavía nadie garantiza el éxito.
🌿 Moraleja: La comodidad protege lo que ya eres. La incomodidad revela todo lo que aún puedes llegar a ser.




















