Cuando ellos hablan más de ellos que de nosotras y son incapaces de establecer debates sobre lo que realmente importa, algo falla.
Cuando se tiene que hablar de prebendas, pesebres, cinismo e hipocresía, algo falla.
Cuando el coste de la vida ha sacado ya a media humanidad a la calle y el hartazgo se confunde con la legitimación de la violencia, algo falla.
Cuando nadie se planta dentro de su partido mayoritario y decide ser útil, dejando a un lado los insultos y los debates estériles que solo ahondan en el cabreo, algo falla.
Cuando se sigue utilizando el tú más, el viejo concurso del scoring corrupto, los dilemas falaces y el abuso de la retórica para incendiar, algo falla.
No ser conscientes de una situación tan precaria, en la que mucha gente empieza a pensar que, si todo sigue así, tiene más que perder que ganar, es una invitación a los extremos radicales, a ahogarnos en un enfrentamiento bestial y a legitimar todo aquello que hace poco nos parecía una aberración.
Enfangados en sus moquetas, no son capaces de atisbar que en esa calle que solo pisan en campaña la gente no solo acampa, sino que también sufre.
Sufre porque mantener un nivel de vida digno parece estar al alcance de cada vez menos personas, mientras unos pocos pueden hacer y deshacer y los demás comprueban que son precisamente esos pocos los que están ganando con esta situación.
No me gusta dejar a un lado mi optimismo vital, pero creo que esa venda que impide a todos los partidos ver más allá de ellos mismos puede hacer que acabemos cayendo en el abismo de la noche a la mañana.
Quizá muchos de nuestros responsables públicos necesiten salir de sus círculos habituales y encontrar espacios de reflexión independientes, donde alguien sin intereses en sus decisiones pueda hacerles preguntas incómodas, ayudarles a escuchar otras perspectivas y recuperar la capacidad de distinguir lo importante de lo urgente. Porque dejarse acompañar y contrastar las propias decisiones también es una forma de ejercer el liderazgo.
Apelo a todos esos hombres y mujeres vocacionales que, lejos de entender la política como un ejercicio de ego y entretenimiento, todavía creen en su utilidad, para que pongan cordura y sentido común antes de que sea demasiado tarde.
¿Hasta cuándo crees que podemos seguir soportando que quienes deberían ocuparse de nuestros problemas sigan tan ocupados hablando de los suyos?




















