Leer está cada vez menos de moda. Hay hasta quien se siente orgulloso de no hacerlo. Así que, una vez más, voy a contracorriente: he pasado buena parte de este año escribiendo un libro.
Se llama ¿Dónde están las llaves? y es el primero.
Lo he sacado estos días, y no otros, por una razón. Ayer fue el cumpleaños de mi padre, y echarle de menos y hacerle este homenaje es todo uno.
Nunca nos dijo qué estudiar, qué hacer ni dónde ir. Nos educó en la libertad elegida y en no buscar la culpa fuera de uno mismo, sino en aumentar la parte que controlamos de nuestra vida. Que quejarse no sirve. Que el espíritu crítico hay que alimentarlo, y se alimenta leyendo y escuchando música.
Es el aprendizaje más útil que he tenido. Y me dejó una pregunta que nunca llegó a formularme: ¿qué parte de tu vida está en tus manos y qué estás haciendo con ella?
Por eso, después de casi quince años en liderazgo y coaching, acompañando a personas y equipos, no he escrito un manual ni una colección de respuestas. Me interesa mucho más ayudar a alguien a pensar mejor por sí mismo que decirle qué debe pensar.
Para recorrer esas ideas he elegido una metáfora: una casa.
Vivimos construyendo, reformando, abriendo ventanas, cerrando puertas, acumulando cosas, desprendiéndonos de otras y buscando las llaves de habitaciones que todavía no sabemos cómo habitar. Veinticuatro capítulos en dos partes: primero la casa, después la ciudad.
Y de ahí nace la palabra que atraviesa todo el libro.
Habitarse.
Conocer la casa desde la que miramos el mundo. Revisar qué hemos heredado, qué hemos construido, qué queremos conservar, qué necesita una reforma y qué puertas estamos preparados para abrir.
Elegir una casa como metáfora tampoco es casual ahora. Cuando acceder a una vivienda se ha convertido en una de las grandes dificultades de tantas personas, hablar de habitar adquiere otra dimensión. Una casa no es únicamente una propiedad ni un activo. Es refugio, intimidad, seguridad, memoria, vínculos y futuro. Necesitamos poder acceder a una vivienda y necesitamos también recuperar el significado profundo de habitarla.
Y quizá debamos hacer algo parecido con nuestra propia vida. No limitarnos a pasar por ella. Habitarla conscientemente.
No quiero considerar este libro terminado. Voy a regalarlo a quien quiera leerlo, pero no busco descargas ni lectores pasivos. Quiero que quien entre en esta casa recorra sus habitaciones, escriba en sus márgenes, discrepe conmigo y me ayude a descubrir qué sobra, qué falta o qué puerta todavía no he visto.
A cambio pido una sola cosa: que me devuelvas algo. Una reflexión, una crítica, una discrepancia, una pregunta.
Si no te atreves a pensar por ti mismo, no te molestes en pedírmelo.
Mándame por privado una palabra: LLAVES. Yo te envío el libro. Tú traes tu pensamiento.
Y si prefieres trabajarlo con tiempo y lápiz, subrayar y escribir en los márgenes, está en papel: https://www.amazon.es/dp/8409933411
Porque este libro no está pensado solo para leerse. Está pensado para habitarse.




















