HUMANIDAD EN DIFERIDO

Conexiones e interacciones, esa gran parte de nosotros que nos hace humanos, cada vez nos molestan más y, desde aquello de que lo habían hecho “en diferido”, parece que precisamente eso es lo que más nos gusta. Vivir en diferido, contestar en diferido, escuchar en diferido, relacionarnos en diferido y poder apagar la conversación cuando ya no nos apetece seguir sosteniéndola.

No nos gusta que nos llamen, ni escribir mensajes en una conversación real de WhatsApp, ni encontrarnos con nadie en la calle, en el gimnasio o en el ascensor. Nos escondemos, corremos y lo evitamos como si de ello dependiese nuestra vida, mientras preferimos escuchar una secuencia interminable de audios antes que hablar directamente y cuando estamos con gente teclear en el móvil se ha convertido en la norma, ahora que ya ni siquiera parece de mala educación no prestar atención al interlocutor porque lo hacemos todos, de cualquier edad e incluso andando.

Paseamos a nuestros hijos, mayores y a nuestras mascotas con el móvil en la mano, tratando de hacer malabares para no perder el control de ninguna de las dos cosas, y si vemos venir a alguien de lejos bajamos la cabeza y nos cambiamos de acera como si fuese un videojuego en el que evitar personas puntuara. 

Las interacciones que nos gustan son cada vez más máquina, a través de redes, mensajes, aplicaciones y pantallas que creemos controlar, aunque quizá eso sea precisamente lo que buscamos.Control o una falsa sensación de él artificial. 

Apagar y marcharnos sin que nadie se ponga pesado, sin que nadie nos cuente sus cosas, sin que nadie reclame más atención de la que estamos dispuestos a dar. Para eso ya están los microvídeos de las redes, que los vemos cuando queremos y duran lo que tarda nuestro dedo en deslizarse.

Me va a gustar ver dónde se van a conocer ahora las parejas y los amigos, o si serán felices quienes terminen casándose con su asistente digital, con su inteligencia artificial o con su robot. Relaciones tan humanas que solo necesitan un centro de datos y agua a cascoporro para sobrevivir.

Espero vivir muchos años y ser biónica para ver todo lo que pensamos cederle a las máquinas antes de volvernos cada vez menos humanos. Mientras tanto, sigo entrenando asistentes e inteligencias artificiales. Quizá por eso me interesa tanto, porque llevo ya varios años y cuanto más aprendo a hablar con ellas, más claro tengo que no deberíamos olvidarnos de hablar entre nosotros.

¿Qué parte de nuestra humanidad estás dispuesto tú a dejar en diferido?

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