Parece ciencia ficción, pero hoy es una realidad que, de momento, requiere supervisión. Con las herramientas de IA ya podemos programar sin estar, como antes, pendientes de un punto o una coma para que nuestro código funcione.
Además, ya no hace falta saber programar en diferentes lenguajes porque la IA los conoce todos. Probarlo me recuerda a la primera vez que subí a mi coche y utilicé la opción de aparcar solo. Ver cómo el volante daba vueltas sin tocarlo y cómo el coche se movía fue alucinante.
He de reconocer que me gusta conducir y que una de las cosas que mejor hago es aparcar. No he vuelto a utilizar esa función y no sé si es porque todavía no me fío del todo o porque creo que lo hago más rápido yo.
Esa misma sensación es la que tengo al ver a una IA escribiendo y ejecutando código en una de las ventanas de mi pantalla y acabar con un producto que, a falta de pulir algunos detalles, ha hecho en minutos el trabajo de días o, al menos, de horas de muchos.
Dice el joven de Scale Lab que ese es el futuro, el vibe coding, pero para que sea útil, a mi juicio, hacen falta muchas habilidades humanas como el pensamiento crítico, la creatividad, la lectura comprensiva y otras muchas cuestiones que hemos olvidado mientras animábamos a nuestros jóvenes a convertirse en programadores.
Dicen los agoreros que esto puede hacer que acabemos perdiendo habilidades técnicas, como les podría ocurrir a los pilotos si dejaran de saber volar sin el piloto automático.
Creo que es el momento de dejar de predecir qué empleos serán los del futuro y empezar a aprovechar los recursos que ya están aquí, aunque no todos sean humanos.
¿Y si, en lugar de preocuparnos tanto por los empleos del futuro, empezáramos a pensar en las habilidades humanas que necesitamos desarrollar para aprovechar el presente?

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