LA CARTA DE SIEMPRE

No sé si recuerdan el «tengo gambas, tengo chopitos, tengo ensalada, tengo jamón», ese veraniego anuncio que cantaba la carta de un restaurante y hacía que nuestros jugos gástricos hicieran aparición.

Pues algo similar me ocurre con las campañas electorales, que tienen en sus programas de todo y no sé si muy fresco, porque llevan años prometiendo lo mismo y nunca parece ser el momento de ponerlo sobre la mesa.

O no se puede, o no es el momento, o se esconde porque no era viable. Cualquier excusa nos hace volver al día siguiente a la casilla de salida y, para no vernos mal y que la disonancia cognitiva no sea insoportable, compramos el argumento y seguimos.

A mí, personalmente, me gustaría que ya no hubiese 10, 12 o 120 medidas, ni que buena parte de ellas consistiesen en prerrogativas a las que supuestamente van a renunciar por nosotros, porque ya no me lo creo.

Me gustaría que estableciesen prioridades, con datos e indicadores públicos y transparentes, y nos dijesen en qué tres objetivos van a trabajar, qué tres problemas concretos se comprometen a resolver y, sobre todo, cómo piensan hacerlo.

Y ya puestos, tampoco estaría de más que nos explicasen por qué hay incluso quien usa el dinero de todos para testar la carta previamente, a modo de dopaje electoral, como si también para medir el apetito ciudadano hubiese que jugar con ventaja.

Porque si llevan toda la vida prometiendo bajar impuestos, me gustaría saber por qué no lo hacen desde el minuto uno si es posible. Y si los suben, a qué van a destinarlos y con qué resultados esperan justificarlo.

Somos suficientemente mayores, responsables y modernos para que nos lo expliquen de manera sencilla y podamos comprobar si su gestión y sus compromisos llegan a buen puerto. Porque establecer prioridades, elegir entre alternativas y explicar las decisiones también forma parte de saber gobernar.

Luego ya vendrán más excusas por gobernar en coalición, los mandatos europeos o porque vienen tiempos difíciles, pero al menos sabremos cómo lo piensan hacer y saldremos de la lista de siempre.

Hay programas de los años 2000 que todavía siguen sin tocarse en cuestiones como el ahorro energético o la vivienda. No esperen a que la gente necesite trabajo para entonces ofrecerles vivienda. Por cierto, lo que hacen siempre.

Y quizá haya llegado el momento de dejar de pedir cartas interminables y empezar a exigir objetivos concretos, resultados medibles y compromisos que podamos comprobar.

¿Qué tres problemas exigirías que resolvieran y cómo comprobarías que realmente lo han conseguido?


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