A quienes habéis perdido a alguien querido en el accidente de Urda. A quienes estáis en el hospital, pendientes de una prueba, de una intervención o de que un médico os diga cómo está la persona a la que queréis.

No sé qué palabras pueden acompañaros hoy. Me cuesta escribirlas porque cualquier cosa parece pequeña y frívola ante lo que estáis viviendo. Pero quería haceros llegar mi pensamiento y cariño, aunque no nos conozcamos.

Nos ha podido pasar a cualquiera. A cualquiera de los que cogemos un tren pensando en lo que haremos al llegar, en el trabajo que nos espera, en la persona con la que vamos a encontrarnos. Damos por hecho tantas veces que llegaremos, que habrá tiempo, que podremos llamar después.

Hoy pienso en vosotros. En quienes daríais cualquier cosa por recibir esa llamada. En quienes esperáis noticias y tenéis miedo de lo que puedan deciros. En quienes habéis recibido ya una noticia que nunca tendríais que haber recibido.

No voy a deciros que seáis fuertes. Tampoco que el tiempo lo cura todo. No tenéis que encontrar consuelo en lo que los demás acertemos o no a deciros. Ojalá tengáis cerca a alguien con quien poder llorar, guardar silencio o repetir lo mismo todas las veces que os haga falta. Alguien que os ayude con lo cotidiano cuando hasta lo más sencillo resulte imposible.

A quienes estáis heridos, os deseo de corazón que os recuperéis. A quienes acompañáis desde una silla de hospital, que lleguen las noticias que tanto necesitáis escuchar. A quienes habéis perdido a alguien, os envío un abrazo con todo el respeto que merece vuestro dolor.

Y a quienes hoy podemos seguir con nuestra vida, nos toca recordar que acompañar también será necesario cuando esta tragedia deje de abrir los informativos. Que a todos nos apela exigir tener seguridad en nuestras vidas. Cuando volvamos a nuestras preocupaciones y para vosotros siga siendo tan difícil levantaros cada mañana.


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