No sé si el día 7 de un mes de Enero es el idóneo para escribir sobre Año Nuevo, propósitos, empezar… lo que sí tengo muy claro es que a veces, estas medidas temporales, los años, para marcarnos objetivos y metas, son demasiado extensas.
Un año tiene demasiados días, demasiados minutos y segundos para dilapidarlos en agobiarnos con grandes gestas que nos impidan disfrutar del camino, que no nos hagan sentirnos satisfechos y orgullosos de nosotros mismos día a día.
Para qué una lista de deseos y propósitos de año en año que nos haga sentirnos perdedores, perezosos, si no lo conseguimos. Propósitos que englobamos en grandes cajones inespecíficos, no medibles, ni alcanzables fácilmente que nos hacen perder la fe en nosotros mismos hasta el punto de que ya ni los tenemos.
Y si comenzásemos todos los días con una pequeña tarea que nos acercase a esos grandes objetivos sin ansiedad, con planificación, pudiendo tachar de nuestra lista algo cada noche, sabiendo que cada día, nos ayuda a estar más cerca de donde queremos estar, a crecer, a mantenernos en nuestro camino, sin grandes alharacas.
Así empiezo el 2014: “Pienso en grande y actúo en pequeño”.


