La política de pactos del bipartidismo en estos últimos años conlleva la normalización política o “blanqueo” de grupos extremistas, tanto de naturaleza terrorista como de ultraderecha homófoba y racista, con el objetivo de mantenerse en el poder, lo que es un fenómeno preocupante.
Esta estrategia, con la que han demostrado ser incapaces de ponerse ellos de acuerdo para evitarlo, puede tener consecuencias perjudiciales para la sociedad en general a pesar de que hagan creer que solo va de parecer una maniobra maquiavélica y táctica contra el otro.
Cuando los partidos políticos intentan normalizar o cooptar a estos grupos, están validando y legitimando sus ideologías y acciones extremistas. Esto está de hecho aumentando un clima de intolerancia, polarización y discriminación y el riesgo mayor de actos de violencia y radicalización.
Además, al buscar apoyo de estos grupos, los partidos tradicionales están promoviendo una narrativa divisiva y excluyente que socava los valores democráticos y fomenta la desconfianza en las instituciones. Narrativa que en muchos casos habíamos creído dejar atrás.
Es importante que los partidos políticos promuevan una cultura política basada en el respeto, la tolerancia y la diversidad. En lugar de normalizar grupos extremistas, deben trabajar para abordar las preocupaciones y necesidades de la sociedad de manera constructiva para lo que parece que no están configurados ni interesados.
Solo así podremos construir sociedades más pacíficas y resilientes. Tenemos ejemplos no muy lejanos de que la involución es posible. No dejemos que ocurra, ¡penalicémoslo!


