En algún momento estoy segura de que podremos ubicar como histórico lo que estamos viviendo con las mujeres de la Selección de Fútbol Española.
Es envidiable la perseverancia en su objetivo de cambiar el sistema, a pesar de jugarse mucho, demasiado diría yo si pensamos en que es su sueño, siguen su pulso a uno más de los chiringuitos atávicos que siguen vivos en nuestro país. Aún son muchos, dirigidos por un tipo de persona que no casa con los tiempos y cuyas formas y fondo sobran en una sociedad moderna.
Ellas han tenido los ovarios de hacerlo con el fútbol pero hay otros muchos chiringuitos de partidos, entidades empresariales, sindicatos, asociaciones profesionales e instituciones de todo tipo en los que la única intención de estas personas es perpetuarse.
No solo a título personal sino como modelo de conducta también. Cueste lo que cueste. Algunas historias son tan básicas y previsibles que poseen los mismos ingredientes que las series con lo de siempre intrigas, sexo, drogas chantajes, expedientes y mucho nepotismo. Todo ello antiguo, soterrado y silenciado por la intención de muchos de alrededor de llegar y que les toque.
Me parece épico ganar un Mundial, siendo consciente y conocedora por desgracia de las muchas zancadillas e injusticias que se llevan a cabo a todos los niveles, políticos y deportivos, con los equipos femeninos de fútbol y las niñas que lo quieren jugar.
Pero aún me parece más alucinante que a pesar de ser su sueño el oro olímpico, no cedan un milímetro en lo que defienden. Creo firmemente que es una oportunidad también de oro. A veces si tragas, nunca vuelve a ser lo mismo, ni a ser la misma.
A pesar de que todo se precipitase por lo que algunos quieren colar como el “inocente beso” de un superior hasta que le toca a ella o a su hija. Me alegra saber que el éxito no les nubló el juicio y aparcó lo importante.
Vieron que era el momento idóneo para hacer de esa acción la bandera de su lucha. Estoy segura de que se les devolverá la posición que se merecen y que tantas veces han visto injustamente negada. A mí no solo me representan sino que me impulsan a no dar un paso atrás y a agradecerles las gestas. Solo juntas llegaremos. ¡Sororidad!


