ABRE EL ARMARIO DE LA DIVERSIDAD

Cuando hablamos sobre salir del armario, la mayoría tiene en mente el valor que tienen muchas personas para mostrar a los demás su condición sexual.

Pero deberíamos empezar a ampliar nuestra visión y usar esa metáfora para pensar en nosotros mismos que probablemente deberíamos salir de algún armario en el que también estamos atrapados. Pasando mucho de nuestro tiempo en nuestra lucha interna para salir de él.

Un armario no es un lugar para que nadie viva en él pero no solo es esta la razón para salir del nuestro y abrir nuestra mente al de los demás. Además para que aprendamos de nuestra diversidad y de lo importante que es ponerse en la situación de los demás y comprobar todos sus beneficios.

En algún momento de nuestra vida la mayoría tenemos algo que es difícil comunicar a los demás, difícil compartir. Necesitamos el mismo valor, la misma valentía en nosotros mismos que tienen quienes se enfrentan a esa lucha cada día una vez fuera. Al juicio, al cuestionamiento, a la intolerancia, a la agresividad.

Muchos llevan esas diferencias tan a flor de piel, a la vista de todos que no tienen que explicar nada, eso a veces tampoco ayuda. Las personas interpretamos, suponemos, acabamos sus frases, juzgamos sin saber y lo que es peor sin preguntar ni ponernos en la situación de la otra persona.

Si hiciésemos eso más a menudo no tendríamos planteamientos tan radicales sobre temas controvertidos y discriminatorios que afectan a la esencia de las personas solo porque no estamos en esa situación o creemos que es probable que nunca estemos.

Necesitamos personas que estén abiertas a acoger la diferencia como algo positivo. A escuchar sus historias, todas, como parte de la vida y conocer otras perspectivas que nos abran la mente. No siempre viajar lo hace.

Empecemos por recuperarnos unos a otros. Volvamos a las conversaciones de las de verdad, de las profundas, de las que acogen y ayudan, en las que se escucha sin juzgar, con paciencia y toda la atención. Humanicémonos fuera de nuestros propios armarios. Está claro que no son un lugar para vivir.

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