Estaba viendo la salida de Canelo en su último combate del fin de semana en Las Vegas y además de la ceremonia que acompaña su aparición con rapero y estilismo italiano algo me llama la atención.
Su séquito porta, brazos en alto, como estandartes todos los títulos que tiene en su haber en su meteórica carrera con la clara intención de amedrentar al contrario y motivar a su público. Su contrincante llega solo. Sin alharacas. El efecto es total.
Dirán que dónde quiero llegar, pues van a alucinar.
Solo hay que echar un vistazo a algunas personas, muchos políticos en LinkedIn y todos portan sus títulos en el perfil de Ex. Hay algunos que son tan Ex en su anuncio y definición que parece que no sean sino que solo fueron. No entiendo qué necesidad hay cuando seguidamente uno puede enumerar todos su cargos con fechas y funciones. Los golpes se les presuponen.
Trabajar la diferencia entre ser, hacer y tener es un sano ejercicio que nos enfrenta a nuestras vulnerabilidades y miedos y nos hace acercarnos al ser. Llegando a ser más empáticos, algo imprescindible cuando se lideran personas. Sobre todo cuando gobiernan.
Tener la triple calificación de Ex no te hace mejor persona, ni mejor profesional, ni un producto de mejor calidad, la suerte en muchas ocasiones es gran parte de ese título. Estar preparado para cualquier revés implica conocerse para aceptarse y recuperarse.
La nostalgia de lo pasado solo nos llevará a la melancolía y al trabajo improductivo porque cualquier tiempo pasado fuer mejor. Recuperemos el presente hasta en el título y el buen relato para explicarnos después nuestro pasado.
Recuerda lo mejor puede estar por llegar.


