
Corea del Sur lleva años ocupado en elevar su natalidad con bonificaciones y ayudas significativas. No lo han conseguido a pesar de ser todo lo family-friendly que pueden.
Eso debería ser una señal de que la demografía del mundo va hacia una regresión poblacional en la que muy pocos gobernantes están ocupados para saber en qué y cómo invertir inteligentemente.
Que sus políticas son erráticas en ese sentido tampoco quiere decir que no haya que aumentar la inversión actual para que las mujeres que ya tienen hijos y que deciden trabajar fuera de casa, tengan las ayudas necesarias. Cuando además su incorporación es más que necesaria, vital.
Con una población envejecida que no solo requerirá para su subsistencia una remuneración en forma de pensión sino que requerirá aumentar sus recursos a la dependencia, el reto está servido.
La necesidad de fuerza laboral en todos los países OCDE hará que el giro del interés por la inmigración y la tecnología cambie de rumbo en unos pocos años. Está en nuestra mano invertir en la educación y formación no solo para los de dentro de nuestras fronteras sino apostar por atraer talento y fuerza.
Justo cuando crecen los partidos que en lugar de inspirar, desesperan a costa de la incertidumbre con el miedo al “diferente” y ahondan entre el “ellos y nosotros” el mundo va en otra dirección.
Es ahora cuando nuestro empeño debe estar en gestionar el gusto y el beneficio por la sociedades diversas, los entornos laborales y las comunidades integradas que potencien el sentimiento de pertenencia que muchos países multirraciales no han sabido gestionar además de la sensación de ser escuchados, tenidos en cuenta y apreciados.
Justo cuando se requiere un compromiso unánime para atajar escenarios posibles poco halagüeños y que se imponga la negociación y el empeño de todos en salir adelante juntos. Los partidos protagonistas son los que separan, dividen y discriminan.

