
Os dejo un cuento oriental para reflexionar y conocernos mejor a nosotros mismos.¡Suerte!
“Había una vez en un pequeño pueblo oriental, un anciano sabio conocido por su humildad. Aunque poseía un profundo conocimiento y sabiduría, nunca presumía ni se jactaba de sus habilidades.
Un día, un joven ambicioso decidió poner a prueba la humildad del anciano. Se le ocurrió un plan y le preguntó al sabio: «Maestro, he escuchado que eres el más sabio de la región. ¿Puedes mostrarme tu sabiduría?»
El anciano asintió con una sonrisa y propuso darle una lección al joven. Le pidió que llevara un vaso vacío y caminara con él hasta un cercano arroyo. Una vez allí, le indicó que llenara el vaso con agua del arroyo.
El joven, intrigado pero sin comprender el propósito, hizo lo que se le pidió. Cuando regresó con el vaso lleno, el anciano le dijo: «Ahora, por favor, lléname este pequeño recipiente de barro que está junto al arroyo».
El joven pensó que era una tarea fácil y se apresuró a llenar el recipiente de barro con agua. Pero, al intentar verter el agua en él, se dio cuenta de que el agua simplemente se escurría por entre los agujeros del barro, dejándolo vacío.
El anciano, con calma, le dijo al joven: «Observa, mi querido amigo, así es la humildad. Cuanto más conocimiento y sabiduría acumules, más importante es mantener tu mente abierta y receptiva. Como este recipiente de barro, si te vuelves demasiado rígido y crees que ya lo sabes todo, la sabiduría se escapa y te quedas vacío».
El joven comprendió la lección sobre la humildad. Aprendió que el conocimiento verdadero no está en la vanidad, sino en la capacidad de aprender constantemente, incluso de las lecciones más simples. Desde ese día, llevó consigo la valiosa enseñanza del anciano sobre la humildad en su búsqueda de conocimiento y sabiduría.”

