Si no existiese todo este peligroso ruido provocado por la incapacidad de nuestros dos grandes partidos, nos daríamos cuenta de varias cosas que nos preocuparían aún más.
Veríamos claramente que son incapaces de ponerse de acuerdo para evitar todo eso con lo que nos amenazan. Que les importa más tener el poder omnímodo y exclusivo que compartido y colaborativo como cacarean que debemos hacer los demás y requieren los tiempos.
Veríamos su falta de propuestas novedosas y arriesgadas para acometer las grandes reformas que un mundo tan diferente necesita y prefieren orquestar incluso una guerra generacional que hacer una sociedad más justa.
Veríamos que sus herramientas de futuro tienen más que ver con maniobras de distracción y enfrentamiento propias del pasado que procurarnos a la limón prosperidad y utilizar la ingente cantidad de datos que almacenan para prever escenarios más halagüeños. Ellos siguen usando el temor y el miedo para dirigirnos.
Veríamos su incapacidad para mover emociones inspiradoras en un país en el que su gente y paisajes ya de por sí enamoran y que tristemente es desde fuera desde lo valoran y señalan. Desde sus despachos emponzoñan y azuzan a las masas para evitar que se vea claramente que sin extremos, ni periferia, ellos sí suman.
Veríamos que todo esto nos afecta a nuestra salud mental más de lo que creemos. Esa que nos van a proteger y a cuidar cuando tengan tiempo entre arenga y manifa. Menos mal que en breve Europa les obligará.
Dos recientes estudios de la Asociación Americana del Corazón relacionan nuestra salud mental, además de la física, con la de nuestro corazón asegurando que pueden “acelerar el desarrollo de factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares como ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. Un estrés acumulativo más alto está vinculado a un aumento de arteriosclerosis y un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular en general, independientemente de los factores de riesgo tradicionales.”
Valoren ustedes si nos merecemos estos políticos que nos estresan. Los mismos que deberían dejarse la piel en cuidarnos. Menuda maldición que nos procuramos.


