Sexo, chocolate, alcohol, redes sociales, tragaperras, compras, deporte, novelas. Todo puede convertirse en tu “droga” ayudados por la molécula de la felicidad.
En Navidad leí “Nación Dopamina” y emulando a Gandhi quise probar lo que significa dejar a un lado todos esos chutes de dopamina que cada vez necesitamos más a menudo y en mayor cantidad, de manera que cada uno en su adicción acabamos siendo yonkis de algo. Confundiendo placer y felicidad.
Eliminar cualquier tipo de dolor o molestia se ha convertido en una adicción que cada uno llenamos con lo que nos posee. Negándolo en algunas ocasiones, escondiéndolo en la mayoría acabamos siendo fácilmente manipulables para cualquier desalmado que quiera vivir de ello.
Quité todas mi notificaciones de las cientos de aplicaciones que reconozco poseo para cualquier cosa que hago y decidí no abrir mis redes sociales en el tiempo que parece que la ciencia asegura que se puede manejar la adicción.
Leí mucho más, hablé mucho más, hice más ejercicio, pensé en cosas más útiles, disfruté mucho más de las pequeñas cosas y sobre todo acabé con la ansiedad constante de parecer que me estoy perdiendo algo.
Por contra me sentí más lejos de la gente que no veo a menudo y que me tranquiliza encontrarla en sus redes disfrutando. Me desconecté de una actualidad que he comprobado que me importa y afecta poco y recuperé el control sobre lo que quiero ser de mayor.
Te aseguro que si eres valiente y reconoces cuál es tu droga, la que te controla y manipula y decides hacer algo, solo volver a estar a los mandos de tu día a día es un gran recompensa que te ayudará seguro a priorizar.
Dopamínate lo justo.


