A veces es difícil reconocer que no tenemos suficientes conversaciones profundas. Que nuestra sociedad se ha convertido en una constante búsqueda de diversión y entretenimiento que vivir y que contar. Coleccionando momentos y experiencias y hemos dejado atrás conversaciones inspiradoras más allá de temas cotidianos.
Escucharnos, entendernos, sentirnos vulnerables y seguros a la vez hablando son casi cosas del pasado. Fortalecer las relaciones se ha convertido en disfrutar incluso a través de las redes de muchos momentos de quienes más queremos sin ni siquiera saber cómo están por dentro o que están viviendo, más allá de lo que vemos.
Explorar nuestra autenticidad, nuestros miedos, contar nuestros sueños, hablar de nuestras emociones y valores no es lo habitual y creemos además que todo esto tiene que reducirse a nuestra terapia con un profesional.
Los amigos y las amigas solían, además de acompañarte en la diversión, consolarnos en el dolor, escucharnos los desvelos, mantener esas largas y profundas conversaciones, para hablar largo y tendido de la levedad de la vida de manera auténtica y reflexiva sin sentirte juzgado o fuera de lugar.
Todo esto no puede mantenerse dentro de nosotros mismos y enredar nuestras mentes hasta causarnos problemas. Volvamos a entender que la vida son momentos de placer y de dolor tan entremezclados que los griegos ya entendieron que todo forma parte de una tragicomedia en la que, sobre lo mismo, se puede llorar y reír al mismo tiempo.
Quien tiene un amigo, tiene un tesoro pero no todo el mundo quiere serlo y sin embargo, sí tenerlo. Por lo tanto sé proactivo y da el primer paso, escucha con ánimo de comprender y no de juzgar. A cualquier edad se puede iniciar una amistad. Quienes ya los tengan, que los cuiden, que los cuiden. Recuerda, siempre tiene recompensa.


