DE UNA ZORRA DE POSTAL

No entiendo tanto revuelo con una canción para Eurovision que responde a una radiografía exacta de lo que ocurre en este país a diario y que no nos pega ni con cola a unos españoles con añeja guasa y chanza.

Además empieza con un insulto, algo a lo que nos llevamos acostumbrando ya unos añitos. Modales que orgullosos empezaron por denominarse tabernarios pero que a lo que realmente hacían honor es a lo patético de lo parlamentario.

El insulto curiosamente tiene que ver con las mujeres, como todo lo moralmente polarizado y debatido en este país. Para hacer de nuestra sororidad una excusa que construya muros en lugar de un mundo mejor, potenciando nuestras habilidades innatas.

Cuando muchos veían que podía ser un himno feminista que nos uniese, llegaron los puritanos y las dimisiones. Lo que no han conseguido graves hechos e incidentes lo hace no saber reírse de nosotros mismos ni asumir que sacudirnos la caspa de vez en cuando es sano.

Una palabra por cierto, que como otras muchas, en castellano y masculino es un halago y en femenino un desdoro vergonzante. Lo que ocurre en nuestro lenguaje diario sin apenas darnos cuenta.

Tengo que reconocer que nunca la he usado para referirme a mis congéneres y que tampoco demasiado para referirme al animal pero he aprendido acepciones y sinónimos increíbles buscándola en el diccionario por mera diversión. Algo que aconsejo.

Uno de mis grupos favoritos es Fangoria y a eso me suena. Con giros a otro favorito Camela y un ritmo que apela a celebración y buena onda. Cantada por una sofisticada mujer a la que le llueven todo tipo de críticas machistas y edadistas que el Chiquilicuatre no tuvo que soportar.

Siempre me han dado igual los insultos porque dicen más del que los profiere que del supuesto receptor. Y con no recibirlos es suficiente. Así que aquí se despide una zorra de postal a la que ya no le va mal.

Deja un comentario