La grandeza de un líder no se mide solo por los éxitos alcanzados, sino por cómo maneja los desafíos y motiva a su equipo y pone en marcha la grandeza de cuidarse unos a otros.
No hace falta ser un líder político, empresarial o espiritual puedes comenzar con este hábito para liderarte y liderar una mejor versión de ti mismo.
Una de las lecciones más valiosas que podemos aprender es la importancia de reprender en privado y felicitar en público. Algo que es tan habitual hacerlo al revés aunque es de las cosas esenciales para cambiar tu relación con los demás.
A veces creemos que ser brusco o crudo, borde es guay, es ser fuerte pero en realidad muestra todo lo contrario. Grita la necesidad imperiosa de cariño y de levantar una barrera para construir respeto cuando se obtiene repulsión o miedo.
Cuando un líder corrige a alguien en privado, no solo respeta la dignidad de la persona, sino que también crea un espacio seguro para el crecimiento personal y de la relación y el aprendizaje. Este enfoque permite abordar los errores sin humillaciones, facilitando una conversación constructiva que impulsa la mejora continua.
Además, felicitar en público tiene un impacto poderoso. Reconocer el esfuerzo y los logros de manera específica y visible no solo motiva al individuo, sino que también inspira a todo el equipo. Crea una cultura del refuerzo positiva.
Cuando los miembros del equipo ven que su trabajo es valorado y celebrado, se sienten más comprometidos y motivados para seguir dando lo mejor de sí mismos. Las felicitaciones públicas fortalecen la cultura de la organización, fomentando un ambiente de reconocimiento y aprecio.
Un líder que comprende y practica esta cuestión, crea un entorno donde cada persona se siente valorada y apoyada. Es un equilibrio fundamental para construir equipos sólidos, resilientes y exitosos, capaces de alcanzar metas extraordinarias juntos.
Recuerda: siempre, corrige en privado y celebra en público.


