ENREDADOS EN EL CABLE

Fue Erich Hartmann, periodista y fotógrafo de Magnum, que luchó en la Segunda Guerra Mundial, quien acuñó una frase tal cierta como vergonzante que sigue siendo cierta hoy en día: “La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan”.

A pesar de que las horribles continuas escenas que nos llegan a través de nuestros móviles o televisores o las cruentas narraciones, nos llegamos a acostumbrar a que en pleno siglo XXI sigamos odiándonos y matándonos en el mundo como hace cientos de años, comandados por quienes nos gobiernan.

A los pocos meses del inicio de los bestiales conflictos nos posicionamos a favor o en contra, frivolizando sobre ello, ignorando las miles de vidas que no tuvieron la oportunidad de hacerlo. Parece mentira que no recordemos nuestra propia historia y cómo cada infierno familiar ha inoculado el odio y la necesidad de venganza en muchas generaciones.

Hemos escuchado suficientes historias como para que querer una reconciliación en todo conflicto con la que todos encontremos reparación y paz y sin embargo no dudamos en juzgar a países enteros por quienes les gobiernan y sabiendo poco cómo. Pensemos en nosotros.

Miles de jóvenes que llegaron al mundo con la esperanza y la ilusión de sus padres de tener una vida mejor y encuentran un capítulo que les marcará su vida para siempre sin ellos haber decidido nada.

Cada vez más cerca, cada vez más claros los intereses y los impactos y seguimos impasibles ante tanta barbarie y cuando no, violentos con la violencia. Todo es cuestión de aceptar lo inaceptable. Es como un cable en el que te vas enredando y de repente un día ya no te puedes liberar. A todos, nos irá peor.

FOTO AP/EVGENIY MALOLETKA

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