Algo que entreno a muchas personas y que considero una habilidad crucial que todo líder debe dominar es la capacidad de ajustar su uso de poder según la situación. Ser flexible cognitiva y emocionalmente.
Saber cuándo «subir el poder» como dicen los anglosajones “playing power up” y cuándo «bajar el poder» o “playing power down” puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Os dejo dos ejemplos claros.
En situaciones de crisis, donde las decisiones rápidas y claras son esenciales, «subir el poder» es fundamental. Pensemos en un director de operaciones durante una emergencia en la empresa. Aquí, el liderazgo fuerte y la toma de decisiones rápida son vitales. El líder debe asumir el control, dirigir al equipo con firmeza y asegurar que todos sepan sus roles y responsabilidades.
Por otro lado, en situaciones que requieren innovación y colaboración, «bajar el poder» es la mejor estrategia. Imaginemos una sesión de brainstorming para desarrollar un nuevo producto. En este caso, un líder que usa menos poder fomenta un ambiente donde las ideas fluyen libremente y los empleados se sienten valorados y escuchados. Al permitir que el equipo tome la iniciativa, se potencia la creatividad y se fortalece la moral del grupo.
La flexibilidad en el uso del poder no solo mejora la eficacia del liderazgo, sino que también promueve un entorno de trabajo más saludable y colaborativo. Aprender a balancear estas dinámicas es esencial para cualquier líder que aspire al éxito sostenible. Mi admirado Montaigne decía que “las almas más hermosas son aquellas que están provistas de mayor variedad y flexibilidad.”
Hoy en día, en un mundo tan cambiante la flexibilidad, la posibilidad de adaptarse al cambio, como asegura Daniel Goleman, es más importante que la propia experiencia. Sí tratas de aportar valor en tu liderazgo, adáptate a tu tiempo. Sé flexible.


