El regreso del presentismo a las empresas, tras los últimos estudios, solo tiene una explicación, la falta de capacidad para liderar a distancia. Hemos exigido que los empleados adoptaran rápidamente la tecnología para teletrabajar sin darles un aterrizaje suave, porque las circunstancias lo requerían.
Durante años, en varios sectores, se clamaba por una política de trabajo híbrida, pensando en la salud mental, la conciliación, la nutrición, la movilidad y el medio ambiente. Pero fue la pandemia la que aceleró esta opción.
El liderazgo autocrático, que asocia la productividad a la presencia del jefe, con miradas penetrantes y control constante, es cosa del pasado. Hoy muchos deseamos disfrutar de la libertad que ofrece la confianza, sabiendo que nuestro trabajo se hará sin necesidad de antiguos controles. Un estilo democrático de liderazgo promueve la productividad y la creatividad con un compromiso que va más allá de la presencia física.
Para realizar esta transformación, se necesita ayuda y entrenamiento. Comprender lo que exigen los nuevos tiempos y las perspectivas de los empleados requiere conciencia y reflexión. Es fundamental que los beneficios reservados a los jefes se compartan y disfruten por todo el equipo.
A esto me dedico con ahínco y entusiasmo. A que quienes dirigen entiendan que si sus empleados están bien y felices, todo irá mejor. Nunca es tarde para darse cuenta de que la salud mental es responsabilidad de todos, especialmente de quienes lideran.


