SESGOS DE REBAJAS

Ahora que llegan las rebajas e invertimos nuestro dinero en caprichos y necesidades es importante que tengamos en cuenta algunos sesgos cognitivos, efectos y una ilusión que influyen en la manera en que pagamos y manejamos nuestro dinero cuando utilizamos tarjetas de pago.

Uno de ellos es el sesgo de anclaje, ocurre cuando nos basamos demasiado en la primera información que recibimos (el «ancla») al tomar decisiones. Por ejemplo, una oferta o descuento al usar una tarjeta puede hacer que gastemos más de lo planeado, anclándonos al precio reducido en lugar de considerar el costo total.

El sesgo de disponibilidad, nuestra tendencia a juzgar la probabilidad de eventos basándonos en la facilidad con la que recordamos ejemplos similares. Al utilizar tarjetas, las transacciones electrónicas pueden parecer menos reales o significativas que el efectivo, haciendo que subestimemos nuestros gastos.

El sesgo del presente que nos lleva a preferir gratificaciones inmediatas sobre beneficios futuros. Pagar con tarjeta de crédito permite el consumo inmediato, mientras que las consecuencias financieras (como el pago de intereses) se sienten más adelante.

El sesgo de aversión a la pérdida, las pérdidas se sienten más intensamente que las ganancias. Con tarjetas, la sensación de pérdida es mitigada porque no hay una transacción tangible de dinero, lo que facilita el gasto.

Dos de los efectos que se produce son, el de dotación, valoramos más lo que ya poseemos. Al usar tarjetas de crédito, podemos sentirnos menos reacios a gastar porque no estamos entregando dinero físico, lo que disminuye la sensación de pérdida. Y el de simple exposición, cuanto más familiarizados estamos con algo, más probable es que lo prefiramos. La frecuente exposición a recompensas asociadas con el uso de tarjetas puede aumentar nuestra disposición a utilizarlas más a menudo.

Cuando creemos que podemos controlar mejor nuestras finanzas porque las tarjetas ofrecen un registro detallado de transacciones, estamos sufriendo la “ilusión de control”. Que no necesariamente se traduce en eso mismo.

Ser conscientes de estos sesgos no evitará que compremos esa ganga pero puede ayudarnos a tomar decisiones más informadas y a desarrollar estrategias para gestionar mejor nuestros hábitos de gasto.

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