Conozco bastante gente que viene a mí o contra mí para debatir si la gente puede cambiar o no. Plantearse eso ya es un avance aunque a continuación su afirmación sea “yo es que soy así y no voy a cambiar. Nadie cambia”.
Eso piensan mientras la conversación deriva hacia por qué no cambia tal o cual persona. Argumentando que se hace daño, que hace daño y que debería hacer esto o lo otro. Todo sin apenas darnos cuenta de que somos una contradicción constante con nuestro propio comportamiento y discurso.
El cambio, compruebo a diario, que es difícil y duro por la seguridad de la rutina que nuestros hábitos proporcionan que esconde una comodidad hasta cierto punto incómoda cuando se hace consciente y por la determinación, entreno y esfuerzo que requiere hacerlo.
Hay una frase que para mí le da sentido a todo esto “ el cambio es una puerta que se abre desde dentro”. Esto implica que solo si queremos y estamos dispuestos a ser otra versión mejorada y a hacer el esfuerzo que implica, podremos cambiar.Al fin y al cabo somos nuestros repetidos hábitos.
También implica que nadie cambia porque otro se lo ordene o se lo diga, más allá de que lo haga en su presencia. Si no cumple los requisitos anteriores y no tiene una motivación interna para hacerlo, no lo hará.
De igual forma que quienes no tienen hábitos buenos en alimentación y deporte tienen que decidir seguir planes de nutrición y entreno supervisados por profesionales, los comportamientos que nos hacen daño y no nos dejan crecer merecen un entreno con un coach que te ayude a reflexionar sobre ellos y a guiarte en tu nueva versión.
Solo tienes que pensar en todas esas personas en las que piensas que cambiando serían geniales, a lo mejor tú eres una de ellas y por eso lo ves en los demás.
No dejes para mañana lo que quieres cambiar hoy.


