En muchos de mis posts sobre liderazgo hay personas que expresan su opinión sobre si el líder nace o se hace casi siempre creyendo que es a una condición innata.
A muchos, en mis entrenamientos les demuestro que no. Claramente tenemos muchas oportunidades de poner en marcha nuestras habilidades y capacidades pero por múltiples razones decidimos no hacerlo.
Me gusta la piscina porque en muchos lugares en el sitio de convivencia por excelencia entre generaciones y donde los comportamientos están casi siempre libres de obstáculos y supervisión.
Es donde puedo comprobar cómo reaccionamos a abusos verbales y físicos hacia los demás. En un mundo donde la compasión y la justicia deberían prevalecer, todos tenemos la responsabilidad de actuar ante cualquier forma de abuso.
Sin embargo aunque no podemos permitirnos ser espectadores pasivos y nuestra fuerza reside en nuestra capacidad de intervenir, de defender a quienes no pueden defenderse y de ser la voz que se alza contra la injusticia, no siempre pasamos a la acción.
Tomar acción requiere valentía y determinación, cada vez que decidimos no callar, estamos marcando la diferencia y así se forja el liderazgo. Cada acto, por pequeño que parezca, puede tener un impacto significativo. Cuando presenciamos un abuso, debemos recordar que nuestra intervención puede ser el cambio que alguien necesita.
Liderar en estas situaciones significa ser un ejemplo para otros. Significa mostrar que no toleramos el abuso bajo ninguna circunstancia y que estamos dispuestos a actuar para proteger a los más vulnerables. Al hacerlo, estamos fomentando un entorno de respeto y empatía, un entorno donde cada persona se sienta segura y valorada.
No hace falta que esperes a tener una situación de autoridad para hacerlo. La próxima vez que presencies un acto de abuso, recuerda que tienes el poder de intervenir y cambiar la situación. Tu acción puede inspirar a otros a hacer lo mismo.
Puedes, desde tu piscina, desde tu toalla, crear un mundo más justo y compasivo, donde el liderazgo se ejerza con integridad y coraje. No esperes más, ¡mójate!


