Francis Fukuyama, en su libro «Confianza», destaca que “La prosperidad de una sociedad depende de la capacidad de sus miembros para confiar los unos en los otros”. Esta reflexión es una guía poderosa para cualquier organización que aspire a la grandeza. En una sociedad en la que la desconfianza parece estar al orden del día, construir un entorno basado en la confianza se convierte en un acto de liderazgo valiente y transformador. Marca la diferencia.
Como líderes, debemos entender que la confianza no se impone; se construye con acciones coherentes, transparencia y una comunicación abierta. Es fácil seguir el camino de la desconfianza, especialmente cuando parece ser la norma en nuestro entorno. Pero los verdaderos líderes eligen el camino menos transitado: el de la integridad y la autenticidad, incluso cuando los demás no lo hacen. Dormir con la conciencia tranquila dedicando la energía solo a construir es definitivo.
Construir esa confianza en nuestros equipos y a nuestro alrededor significa crear espacios seguros donde cada miembro pueda expresarse, asumir riesgos y aprender de los errores sin miedo. Es demostrar con cada acción que valoramos a nuestra gente y que su bienestar es una prioridad. Al apostar por la confianza, no solo fortalecemos nuestras relaciones, sino que también establecemos una base sólida para la innovación y el éxito colectivo.
No importa si otros no lo hacen; algunos elegimos ser diferentes a pesar de que no dé réditos inmediatos. Porque sabemos que, al cultivar la confianza, no solo construimos mejores equipos, sino también un futuro más prometedor para todos.


