Llevar buena energía donde vayas es más que optimismo. Es una poderosa habilidad que no valoramos mucho y puede transformar ambientes y personas. Cada lugar tiene su propia vibración, y como seres conscientes, tenemos el poder de influir positivamente en esas energías. ¿Alguna vez has sentido una pesadez al entrar en una habitación? Esa es la energía acumulada, y has pensado si tú puedes cambiarla.
Tu energía personal es como una luz que ilumina los espacios más oscuros. Con una actitud positiva, una sonrisa genuina y una mente abierta, elevas la vibración del entorno. No se trata de ignorar las malas vibraciones, sino de reconocerlas y conscientemente emitir una frecuencia más alta. La energía es contagiosa, y así como una risa puede alegrar a todos, una buena energía armoniza incluso los ambientes más desafiantes.
Un consejo práctico es visualizar positivamente antes de entrar a un lugar. Imagina ser una fuente de luz brillante, irradiando calidez y paz, transformando cualquier negatividad en armonía. Esta práctica eleva tu energía y prepara el terreno para interacciones positivas.
Esto es muy importante cuando quedas o visitas con alguien que no lo está pasando bien física o mentalmente, es importante que entienda que le entiendes y empatizas con su situación pero se trata de que tu energía le beneficie.
Cada vez que entres a un espacio, hazlo con la intención de mejorarlo. Lleva tu luz y verás cómo transformas los lugares y las vidas a tu alrededor.


