La ventaja competitiva pronto no será saber dar órdenes al becario ChatGPT o similares, ni siquiera saber programar pero sí serán todas las habilidades que nos hacen humanos y que cada vez denostamos más.
Lo dice alguien que tiene una aplicación para todo y que le gusta más la tecnología que comer con las manos, que también me encanta pero nuestra salud mental también tengo claro que no pasa por avanzar en ese camino sin reflexión.
Cada vez la desconexión entre nosotros es mayor. No aguantamos nada del de enfrente, ni su rapidez, ni su lentitud que escuchamos x2, ni sus tics, ni sus ruidos, ni sus gustos y de aquellos que no nos dan la razón y nos bailan el agua, nada.
Ir en dirección contraria nos conecta más con los robots y con las inteligencias artificiales que sabiendo de nuestros hábitos y sesgos solo tienen que ponérnoslos en bandeja para que creamos que si es lo que nosotros decimos, todo va bien.
Digo decir porque si fuese pensar, eso ya sería otra cuestión, que implica un esfuerzo que no todos estamos dispuestos a hacer. Es más cómodo pasar horas viendo vídeos que otros hacen y pasarlos en segundos si no coinciden con nuestros gustos y creencias.
Todos ellos adaptados a un algoritmo cambiante que va seleccionado para nosotros un único canal de información, el que nos mantiene sin avanzar, sin cuestionar y sin revisar ancestrales cuestiones. Esto no es más que lo que aborrecemos de lo que hacen con los animales en el circo.
Llegamos tarde a las redes sociales y ya vemos cómo empeora nuestra salud su uso sin cuestionar. Con la inteligencia artificial si no empezamos antes quizá protagonicemos alguna antigua distopía. Palabra de una apasionada del “Black Mirror”.


