Que las personas pongan cara escéptica cuando se propone hablar sobre ideas o llevar a cabo una sesión creativa, pone de manifiesto la incomodidad que nos procura el pensamiento abstracto, estar fuera de lo que conocemos y creer que seremos juzgados si no tenemos una innovadora e inteligente idea.
Lo que no tenemos tan claro es que en los equipos, la creatividad no surge de la nada; necesita un espacio seguro y dinámico para florecer. Las tormentas de ideas, o “brainstorming”, son una de las mejores herramientas para fomentar esa creatividad colectiva, pero no siempre se reciben con entusiasmo. ¿Por qué? Muchas veces, las personas temen equivocarse o que sus ideas sean juzgadas. Sin embargo, cuando se hace bien, una tormenta de ideas no es sobre encontrar la respuesta perfecta de inmediato, sino sobre soltar las ideas y ver hacia dónde nos llevan.
Para que las tormentas de ideas funcionen, es fundamental crear un ambiente libre de juicios, donde cualquier propuesta, por descabellada que parezca, sea bienvenida. A veces, las ideas más locas son las que terminan inspirando soluciones innovadoras. Recuerda: no hay malas ideas, solo aquellas que abren nuevas puertas.
Incentiva a tu equipo a pensar en voz alta y diviértanse con el proceso. El humor y la espontaneidad son aliados poderosos de la creatividad. Además, invita a todos a participar. La diversidad de pensamientos es lo que enriquece las soluciones.
Muchas de estas habilidades tienen un objetivo que no es precisamente tener la idea perfecta en esa primera sesión, sino construir algo juntos. Algo en lo que podíamos empezar a pensar en el colegio


