Un reciente estudio de la Universidad de Copenhague ha revelado que nuestra atención tiende a ser atraída por recompensas inmediatas, incluso más que por hábitos ya establecidos.
Esto explica por qué muchas veces elegimos revisar nuestras redes sociales o aplicaciones, aunque tengamos la intención de realizar tareas más productivas. La tecnología digital utiliza este sesgo natural hacia las recompensas rápidas para captar nuestra atención de manera continua.
Un ejemplo práctico es cuando estás trabajando o estudiando, pero recibes una notificación en tu móvil. Aunque te hayas prometido no distraerte, la inmediatez de la recompensa, un “like” o mensaje, te lleva a dejar de lado el hábito del estudio o trabajo y revisas tu móvil.
Este comportamiento no es casual, responde a cómo nuestro cerebro está programado para priorizar esas pequeñas gratificaciones instantáneas sobre los hábitos, por más beneficiosos que estos sean a largo plazo.
Es importante ser conscientes de este sesgo y aprender a gestionarlo, estableciendo límites y momentos para, en este caso, revisar la tecnología, de modo que no comprometa nuestra productividad o bienestar.
Pero no solo lo puedes aplicar a esto sino a las recompensas de la paginas de compras, a estar tranquilamente en el sofá en lugar de ir al gimnasio, a aprender algo nuevo y seguro que a ti se te ocurren muchos más ejemplos.
La buena noticia es que la neurociencia ha comprobado hace poco que nuestro lóbulo frontal es entrenable así que nuestra atención debe estar en nuestra real recompensa: aumentar nuestra fuerza de voluntad
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