EL TESORO ESCONDIDO DE LAS BIBLIOTECAS 

Una casa sin libros es como un cuerpo sin alma decía Cicerón y no puedo estar más de acuerdo. Tener un lugar al aire libre en que disfrutar de tranquilidad para deleitarse con un libro me parece un placer inigualable.

Las bibliotecas son como cofres del tesoro, esperando a que descubramos las joyas que guardan en su interior. A mí me gusta en la mía, sacar libros al azar y leer capítulos sobre todo de clásicos de los que siempre aprendes. 

Cada libro es una llave, una entrada a un mundo nuevo, a un pensamiento que conecta otro y se convierten en un viaje que no requiere más que nuestra disposición para abrirlo y leer.

Ahora que la información parece pasar tan rápido como el viento, las bibliotecas me parecen el colmo de la rebeldía. Nos invitan a detenernos, a sumergirnos en las profundidades del conocimiento, el valor de la paciencia y de la magia en sus páginas. 

Estar en una biblioteca es como caminar por un bosque lleno de árboles de sabiduría, cada libro es una rama que nos ofrece un fruto distinto. Y cuando sabemos leer con intención, no solo recogemos esos frutos, sino que los saboreamos, aprendiendo de cada uno de ellos.

En una época donde todo parece instantáneo, reivindiquemos las bibliotecas en su Día, las que  nos recuerdan el valor de saber leer y entender lo que leemos. Quien sabe leer, siempre lleva consigo un mapa vital. 

Solo desearía que cada libro viniese con tiempo extra para leerlo. Heredé la necesidad de leer y de saber. Además cada vez que cojo un libro hago mi pequeño homenaje a mi abuela Arita quien con mis cuatro añitos, me enseñó a leer. Hazles tu propio homenaje y visita o comienza una. 

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