Os dejo este cuento para comenzar la semana reflexionando sobre esas conversaciones difíciles que no abordamos.
Había una vez, en un pequeño pueblo a orillas de un río cristalino en las montañas de Japón, un sabio anciano llamado Haruto. Era conocido por su calma y su capacidad de escuchar a quienes lo buscaban, ya fueran jóvenes guerreros o ancianos comerciantes. Un día, dos hermanos, Akira y Daichi, llegaron hasta él con un dilema que los había distanciado.
Akira y Daichi trabajaban juntos cultivando arroz para la aldea, pero recientemente, Daichi había comenzado a llegar tarde y a cometer errores que afectaban la cosecha. Akira, molesto y frustrado, había decidido ignorar el comportamiento de su hermano, pensando que si no mencionaba el problema, desaparecería. Sin embargo, el silencio entre ellos creció como una sombra pesada, y ambos empezaron a sentir resentimiento y dolor.
Al verlos tan distantes, Haruto les pidió que lo acompañaran hasta el río. Allí, les mostró una pequeña piedra y la arrojó al agua, provocando ondas que se expandían en todas direcciones. “Un pequeño conflicto no abordado”, dijo el anciano, “es como esta piedra: crea ondas que tocan todo a su alrededor. Si no conversamos y resolvemos, esas ondas se vuelven olas que pueden separarnos”.
Inspirados por las palabras de Haruto, los hermanos se miraron a los ojos y decidieron hablar abiertamente. Daichi confesó que había estado preocupado por su salud y se sentía abrumado, mientras que Akira, al entenderlo, le ofreció su apoyo. Con esa conversación, la tensión se desvaneció y la relación entre ellos se fortaleció.
Desde aquel día, Akira y Daichi aprendieron que enfrentar los problemas a tiempo era como calmar el río antes de que las olas crecieran.


