En el ámbito de la política y de la vida, rodearse de personas que desafíen nuestras ideas es uno de los actos de valentía más poderosos. A menudo, es fácil caer en la trampa de los “sí” constantes y de las voces que, por comodidad, interés o lealtad, simplemente nos dan la razón.
Sin embargo en estos entornos homogéneos, donde solo oímos lo que queremos escuchar, terminan limitando nuestra visión y frenando nuestro crecimiento. Aunque podría asegurar que a mí principalmente, aburriendo.
Voy a jornadas esperando escuchar el pensamiento de alguien, una novedad interesante, una idea que me rete y compruebo que rumiamos lo mismo desde años, después de estar dos horas escuchando agradecimientos políticos y mítines sobre promesas que no llegan a realidad, apenas quedan unos minutos o unas pocas personas para escuchar lo interesante.
En estos círculos no nos rodeamos de personas que aportan perspectivas diversas, ni creamos espacios de aprendizaje y de autodescubrimiento. Estas personas, suelen ser siempre las mismas, están ahí para hacer eco de las mismas viejas ideas, sin aportar algo valioso, para cuestionar, y para ayudarnos a ver más allá de nuestras certezas.
En política, la capacidad de escuchar y valorar opiniones contrarias es fundamental para evitar el sesgo y enriquecer nuestras decisiones. Estas voces que retan nos ofrecen algo precioso: la oportunidad de ver el panorama completo y de considerar alternativas que quizás habíamos pasado por alto.
Piensa en de quiénes te rodeas, si de personas que te reten aunque no siempre sea fácil. Es de las decisiones más inteligentes que puedes tomar para expandir tu visión, crecer y, sobre todo, para ser un líder verdaderamente comprometido con la pluralidad y la verdad.


