La ruta de la que disfrutamos este fin de semana de la Plataforma a la Laguna, en una Sierra de Gredos nevada y helada, no solo fue un desafío físico, sino una experiencia que quedó grabada en mis sentidos.
Llegamos con un frío cortante de -5 grados, viento implacable y sin rastro de sol, la situación ideal para volver al coche y disfrutar de u café calentito en Hoyos del Espino. No fue fácil vencerse y quedarse pero con cada paso nos adentramos en un escenario que parecía sacado de otro mundo.
La nieve dura y el hielo hicieron que el recorrido se sintiera como un entrenamiento de precisión. Saltar entre las piedras y buscar el equilibrio en cada zancada helada era un reto que activaba todos mis sentidos y mi gusto por la aventura y el riesgo. Al mismo tiempo, la naturaleza nos regalaba escenas inigualables, cabras salvajes moviéndose con una elegancia que parecía imposible en un terreno así y vistas que quitaban el aliento más que el viento helado.
Lo que más disfruté además de la fantástica compañía, fue sentir cómo, a medida que avanzábamos, mi cuerpo y mi mente se adaptaban. Ese frío que al principio parecía una barrera se transformó en un estímulo que nos mantenía presentes al que más tarde ayudó el sol.
Sabiendo que la neurociencia asegura que estas experiencias activan la neuroplasticidad, fortaleciendo la capacidad del cerebro para adaptarse a lo incómodo y convertirlo en aprendizaje, no había vuelta atrás.
Esta ruta no solo me regaló paisajes y momentos únicos, sino también la certeza de que desafiar la incomodidad puede ser el mejor entrenamiento para la vida. Gracias a la propuesta de mi amiga Marta y a Navatrail por convertir un día gélido en una aventura de superación inolvidable.
Gracias siempre a la naturaleza, a la Sierra de Gredos por recordarme que, detrás del viento frío y las pendientes heladas, siempre hay un rincón de belleza y crecimiento esperando ser descubierto.
¿Qué incomodidad vas a abrazar hoy para desafiarte y crecer? Yo fui al gimnasio esta mañana , ¿ y tú?


