EL LATIDO DE LA EMPRESA

El despacho de Martín en la sede de GlobalCorp tenía vistas a toda la ciudad, pero últimamente no veía más que números en rojo y empleados agotados. Como CEO, había probado de todo: más reuniones, nuevos incentivos, incluso contrató a una consultora para “reorganizar el talento”. Nada funcionaba. La empresa parecía un gigante dormido.

Una tarde, su antiguo mentor, el señor Ferrer, lo visitó. Escuchó con calma y luego le preguntó:

—¿Has tomado el pulso de tu empresa?

Martín frunció el ceño.

—¿El pulso?

Ferrer sonrió y sacó un pequeño metrónomo de su bolsillo.

—Toda organización tiene un ritmo. Si es lento y monótono, es la inercia cómoda: la gente hace lo justo y necesario. Si es casi inexistente, es la resignación: empleados agotados, sin fe en el futuro. Pero si el ritmo es frenético y descontrolado, entras en la energía corrosiva: egos, conflictos y agotamiento.

Martín se quedó en silencio. Su empresa tenía algo de cada uno.

—¿Y cómo cambio ese ritmo?

Ferrer giró el metrónomo hasta encontrar un ritmo constante.

—Necesitas energía productiva. No se impone con discursos ni correos motivacionales. Se genera con confianza, pasión y reconocimiento. La clave está en los líderes: si ellos vibran alto, la empresa lo siente.

Martín tomó el metrónomo y, por primera vez en meses, sonrió. Había estado buscando soluciones en los números, pero el verdadero cambio empezaba en la energía que transmitía.

Al día siguiente, en lugar de enviar otro informe, recorrió las oficinas, preguntó, escuchó y agradeció. Y poco a poco, la empresa comenzó a latir de nuevo.

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