En la actualidad es dificil salir del lugar común de “ya no se puede hablar de nada, ni decir nada” en cuanto a elogios se refiere. Aunque la cuestión física sea la más recurrente es la menos efectiva y la más molesta de todas a las que podemos recurrir para captar la atención o valorar a alguien o su conducta.
El elogio tiene el mágico poder de transformar. Pero no cualquier elogio y menos alguno básico y tópico sino el que reconoce el esfuerzo y la actitud que es el que realmente impulsa el crecimiento. Un estudio de la Universidad de Stanford demostró que los niños elogiados por su esfuerzo con expresiones como ¡Qué bien que insististe hasta lograrlo!”desarrollan una mentalidad de crecimiento y son más propensos a afrontar desafíos. En cambio, si solo elogiamos el talento o el resultado ¡Qué inteligente eres!”,reforzamos una mentalidad fija que puede limitar la capacidad de asumir riesgos y mejorar.
Esta misma dinámica ocurre en el trabajo y en las relaciones personales. Cuando alguien resuelve un problema bajo presión, no basta con lo recurrente, decir “¡Buen trabajo!”. Es mucho más poderoso reconocer el proceso “Me impresionó cómo analizaste la situación y mantuviste la calma para encontrar una solución.” Ese tipo de elogio refuerza la conducta efectiva, no solo el resultado, y genera confianza y motivación para seguir intentándolo.
Ya sabes que todo lo que te traslado para tu utilidad tiene base científica en el siglo de los descubrimientos de la mente y sabemos que el elogio activa la liberación de dopamina y fortalece las conexiones neuronales asociadas a la motivación y la recompensa. Al elogiar el proceso en lugar del talento, estás entrenando al cerebro para buscar el aprendizaje continuo y la superación.
A partir de ahora, haz el esfuerzo, en lugar de elogiar solo el éxito, reconoce el camino que llevó a él. Elogiar el esfuerzo no solo refuerza el comportamiento positivo, sino que enseña que lo que realmente importa no es el resultado, sino la valentía de intentarlo. Y hace que consigamos ser una sociedad en la que crecer sea el propósito de muchos.


