EL PESCADOR DE CUATRO REDES

En un pequeño pueblo costero de Japón, vivía Haruki, un pescador conocido por su sonrisa tranquila y su manera serena de vivir. Cada mañana, antes del amanecer, salía en su barca con cuatro redes diferentes.

Un día, un joven ejecutivo que buscaba sentido en su vida llegó al pueblo. Había probado de todo: empresas, viajes, retos… pero seguía sintiéndose vacío. Al ver a Haruki tan en paz, le preguntó:

—¿Cuál es tu secreto? ¿Por qué pareces tan pleno todos los días?

Haruki lo miró con amabilidad y le dijo:

—Yo pesco con cuatro redes. Cada una representa una parte de mi vida que me sostiene y da sentido.

Lo llevó a su barca y comenzó a explicarle:

—La primera red es lo que amo: pescar al amanecer, sentir el mar, escuchar los silencios.

—La segunda red es lo que el mundo necesita: alimento fresco para el pueblo.

—La tercera red es por lo que me pagan: mi pescado es valorado y me permite vivir con dignidad.

—Y la cuarta red es lo que sé hacer bien: conozco las mareas, los vientos y los secretos del océano.

—Cuando lanzo las cuatro redes al mar —continuó— no solo pesco peces… pesco propósito.

El joven se quedó en silencio. Comprendió que el equilibrio no estaba en hacer mucho, sino en alinear sus pasiones, su utilidad, su talento y su sustento.

Desde entonces, empezó a construir su vida con sus propias cuatro redes.

“Tu ikigai es el mar donde se encuentran lo que amas, lo que sabes hacer, lo que el mundo necesita y por lo que te pueden pagar.”

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