Nos siguen forzando a elegir entre guerra o paz, como si fuese una disyuntiva binaria, como si no existiera nada entre el conflicto total y la ingenuidad absoluta. Sabiendo que sigue siendo un corolario que titula Tolstoi, es una falsa dicotomía, una trampa narrativa que polariza un debate mucho más complejo y urgente.
No es lo mismo invertir en armamento para atacar que hacerlo desde la responsabilidad de proteger, que implica garantizar la seguridad, la estabilidad y la calidad de vida de los ciudadanos. No se trata de querer la guerra, sino de entender que la paz necesita ser defendida, no solo deseada. Para muestra, Ucrania.
El problema es que seguimos mirando los conflictos con la lógica del pasado. Como si los tanques, los aviones y los grandes arsenales siguieran siendo los protagonistas. Pero hoy una impresora 3D, en el garaje de cualquier lugar del mundo, puede fabricar un dron con una carga explosiva capaz de destruir un carro de combate que cuesta millones de dólares. Las series como Homeland , no son una distopía.
Estamos en otra pantalla. Una donde la tecnología ha descentralizado el poder, donde las herramientas que nos salvaron del COVID —como esas mismas impresoras 3D— también pueden ser utilizadas para destruir. Como también sirven para acabar con lo útil o lo vital.
Y en este nuevo escenario, no podemos delegar nuestra seguridad en manos ajenas, ni siquiera en las de Estados Unidos. La confianza estratégica no puede sustituir a la autonomía ni al pensamiento crítico. Lo que ayer era una alianza sólida, hoy puede ser una prioridad secundaria para otros.
Insistir en el corto plazo, en la política del titular, en el gasto sin reflexión o la paz sin previsión, es más dañino para nuestro futuro que cualquier otra inversión. Porque hoy, más que nunca, la clave no es elegir entre guerra o paz, sino entre responsabilidad y negación.
La seguridad ya no es cuestión de ejércitos, sino de visión. Y nos estamos quedando ciegos por miedo a abrir los ojos. Esto no puede recordarnos a ese adagio churchiliano, “Hemos preferido el deshonor a la guerra. Tendremos el deshonor y también la guerra» .


