ENTRENAR LA INCERTIDUMBRE

En la película Cónclave, de rabiosa actualidad, hay un momento en que el Decano habla del discurso de la certidumbre. Esa necesidad humana de aferrarse a lo seguro, a lo previsible, a lo que ya conocemos, aunque esté agotado. La tentación de buscar líderes que lo tengan todo claro, aunque mientan de forma elegante.

Pero el mundo real no funciona así. La incertidumbre es la norma, no la excepción. Y cuanto más intentamos negarla, más nos bloquea, más nos frustra, más nos agota. Porque nadie puede prometer certezas sin pagar un precio alto en flexibilidad, conciencia o verdad.

La globalización y la tecnología han acelerado esta realidad. Vivimos conectados, en tiempo real, a acontecimientos que se multiplican y cambian antes de que podamos procesarlos. Lo que ayer parecía seguro, hoy ya no sirve. Las reglas del juego se transforman y los mapas caducan.

Por eso, el futuro no lo liderarán quienes prometan seguridades imposibles, sino quienes se entrenen para navegar la incertidumbre con inteligencia emocional, pensamiento crítico y capacidad de adaptación. Es decir, todo lo contrario de lo que ahora buscamos.

A eso me dedico. A acompañar a personas y organizaciones a desarrollar las habilidades que no se improvisan. Las que permiten navegar el futuro, tomar decisiones con dudas, moverse sin mapa, aprender en medio del caos y construir confianza cuando todo tiembla.

La certidumbre suena bien, pero a menudo es solo una forma elegante de evitar el vértigo. La incertidumbre, en cambio, es la realidad desnuda que solo se vuelve oportunidad cuando dejamos de temerla y empezamos a entrenarla.

Deja un comentario