HASTA LA FUMATA BLANCA

Viendo el telediario hoy quizá deberíamos inspirar nuestra política patria en los que mejor entendieron que los grandes acuerdos necesitan presión, tiempo y encierro. En la Capilla Sixtina, nadie sale hasta que hay Papa. No se negocia en los pasillos, no se delega, no se huye. Se debate hasta llegar a los dos tercios. Se pacta de verdad.

Y si aún queda alguien que piense que eso no es aplicable a la política actual, que recuerde el cónclave más largo de la historia. Viterbo, 1268. Duró 33 meses. Tan estancados estaban, que en 1270 les quitaron el techo, cortaron la comida y los dejaron solo con pan, agua y vino. Finalmente, con solo 16 cardenales agotados, lograron un acuerdo. Eligieron a Gregorio X, quien instauró formalmente el cónclave como sistema.

Si eso no genera consenso, me refiero por supuesto al vino, nada lo hará. En política internacional hubo algo parecido. Kofi Annan lo llamaba “la estrategia del ascensor”. Encerrar a las partes en conflicto hasta que encontraran una salida común. Sin teléfono, sin prensa, sin portazos teatrales. Solo personas mirándose a los ojos hasta que llegara una decisión compartida.

Los Parlamentos modernos requieren tanta celeridad y talento  que necesitan menos espectáculo y más encierro con propósito. Que no se levanten hasta que haya acuerdo. Que se miren a los ojos sin cámaras, escapatoria ni titulares. Que recuerden que representar no es posar, ni perorar, es construir juntos.

No hace falta quitar el techo ni dejarles sin comer. Bastaría con exigirles que se queden hasta que haya fumata blanca. Y si no, que aprendan lo que cuesta el silencio productivo. Porque si incluso en el siglo XIII lograron ponerse de acuerdo, hoy, con tantos asesores, dispositivos, calefacción , copas y café, también podrían, o quizá es la televisión la cuestión o que percibiesen el sueldo a resultado…

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