Ayer hablando sobre felicidad reparé en los dos periodos que la historia refiere como felices y me entristeció recordar que fueron periodos tras dos devastadores guerras. Decidí escribir un cuento:
“En una ciudad próspera y vibrante, donde los rascacielos comenzaban a rozar las nubes y la música del jazz llenaba las calles, vivía un joven periodista llamado Rubén. Cada mañana, Rubén paseaba por el bullicioso distrito financiero, tomando notas de las conversaciones, observando el ir y venir de los coches brillantes y las mujeres con vestidos de flecos.
Un día, intrigado por la alegría contagiosa que respiraba en cada esquina, decidió investigar qué hacía de aquellos años algo tan feliz. Se acercó a un anciano barbero que había visto crecer la ciudad.
—¿Por qué son tan felices estos años? —preguntó Rubén, libreta en mano.
El barbero afiló su navaja y sonrió.
—Son felices porque la gente ha decidido vivir el momento, hijo. Después de la guerra, la vida parecía demasiado frágil como para no celebrarla. Aprendieron a bailar sin miedo, a cantar a pleno pulmón y a inventar el mañana con cada paso que daban.
Rubén anotó las palabras con cuidado.
—¿Y qué pasa cuando todo cambie? —insistió.
El barbero miró por la ventana y dijo:
—El viento siempre cambia, pero la semilla de la felicidad está en aprender a disfrutar cuando sopla a favor, sin pensar en el próximo vendaval.
Y Rubén comprendió que los años 20 fueron felices no por las luces o el jazz, sino porque la gente aprendió a vivir en el presente y a celebrar la vida antes de que llegara la tormenta.”
¿Qué vas a hacer tú hoy?


