La escasa pedagogía sobre lo público, su eficacia y su eficiencia se nota en todos los ámbitos. Lo pensaba en mi paseo diario de seis kilómetros, tras ver cómo en los aseos móviles y en una sala de lactancia instalados en el recinto ferial con motivo de nuestras Fiestas Mayores, podía leerse un cartel: “Cortesía de tu Ayuntamiento”.
Qué bien saben algunos empresarios cómo engatusar a un político con cualquier fruslería para que este, en su fuero interno, se sienta orgulloso de tamaña hazaña y crea que su pueblo le querrá más porque tiene unos baños mejores que los del municipio de al lado. Lo que cuesten, da igual, total, ese dinero “no es de nadie”.
Pues no. Debería decir “Cortesía de tus impuestos”. Porque eso es lo que son. Servicios pagados con el esfuerzo de quienes cotizan, no favores personales del político de turno. No hay pleitesía que deber. Hay derecho a exigir rendición de cuentas, buen trato y buen gobierno.
Todo lo que organiza un ayuntamiento se financia con tus impuestos. Ese debería ser el patrocinio. Y son los empresarios —los que arriesgan, invierten y trabajan— quienes se acercan a las administraciones para ofrecer propuestas. El político escoge, sí, pero pocas veces piensa, organiza o arriesga.
Seamos exigentes. Cívicos. Serios. No permitamos que nos deslumbren con contrataciones como si fueran celebrities en gira. Disfrutemos, sí. Pero recordando siempre: las Fiestas Tricantinas son por cortesía de nuestros impuestos. Ni más, ni menos.


