Da igual el lugar del mundo en el que estés, miramos tanto la pantalla del teléfono que levantar la vista ya nos da rubor. Nos incomoda mirar directamente o ser mirados. No estamos acostumbrados.Preferimos escrutar la vida de los demás con dos dedos, ampliando cada detalle por más oculto que esté.
Eso no nos incomoda. Lo hacemos sin reparos, sin que nadie lo sepa. A veces incluso juzgamos, amenazamos, opinamos bajo seudónimos… sin darnos cuenta de que frente a frente no tendríamos el valor de decir una sola palabra de lo escrito.
Observar a través de una pantalla muchas veces nos deshumaniza. Nos aleja de la empatía. Y nos hace olvidar que la verdadera conexión no se mide en likes, sino en miradas que sostienen, en gestos que apoyan. Lejos de haters desconectados.
El anonimato no es un escudo. Y el móvil no debería ser una barrera entre nosotros y el mundo.
Atrévete a levantar la vista. A mirar con intención. A encontrarte con el otro.
Porque esos centímetros de cristal que nos separan, a veces también nos hacen peores.
Hoy, en tu paseo, en la piscina, en la cola del supermercado o en la terraza del bar… levanta la mirada. Mira a alguien a los ojos y regala una sonrisa. Quizá ese gesto sencillo te devuelva algo que no sabías que necesitabas.


