DISTRAIGAMOS EL DOLOR

Tengo una amiga que, a pesar de la edad y de los dolores que la acompañan cada día, no deja de estar activa. Siempre la ves con amigas, participando en asociaciones, compartiendo momentos de alegría. Muchos se sorprenden de cómo lo hace, pero pocos reparan en la verdadera clave que la sostiene, la capacidad de distraerse del dolor.

Anne Baxter lo explica en su TED con claridad. El dolor no siempre se puede eliminar, pero sí se puede aprender a vivir con él de otra manera. Cuando nuestra mente se ocupa en actividades que nos gustan, cuando nos relacionamos y nos reímos, el cerebro activa circuitos diferentes a los del sufrimiento y genera endorfinas que lo alivian. No es magia, es neurociencia.

El dolor se amplifica cuando lo observamos sin descanso y se atenúa cuando lo distraemos. Por eso mi amiga es un ejemplo vivo de cómo la actitud, el movimiento y la compañía se convierten en un tratamiento tan poderoso como cualquier pastilla.

Quizá no siempre podamos elegir la ausencia de dolor, pero sí podemos decidir no darle todo el protagonismo.

Si practicamos cada día una pequeña distracción positiva. Leer, pasear, conversar o ayudar a otros pueden ser analgésicos naturales que tu cerebro agradecerá. Una simple llamada para una divertida conversación puede ser un lenitivo. No lo dudes, ¡llama! 

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