Un accidente fortuito. Un instante. Un cruce de trayectorias que nadie esperaba, como el choque de trenes ocurrido anoche en Adamuz, Córdoba. Y de pronto, todo se detiene. La rutina salta por los aires y a mí siempre me asalta la misma pregunta, ¿estamos preparados para ayudar cuando la vida nos lo pide?
No hablamos de heroísmo, hablamos de humanidad.De si sabemos mantener la calma, la unidad y colaborar en lo que podamos, con lo que tengamos. Incluso en redes también podemos hacer algo sin echar más leña al fuego intencionalmente.
Y sí encargarnos de aprender cuestiones básicas, qué hacer ante una hemorragia, una parada cardiorrespiratoria, un grito de auxilio.
De si, en lugar de mirar, sabemos actuar.
Nunca sabemos cuándo será ese día en el que subamos a un tren, a un avión, a un autobús… o simplemente estemos en el lugar donde todo cambia. Y quizá la persona que necesita ayuda no sea un desconocido. Quizá sea alguien a quien amamos.Y sentir que no pudimos hacer nada… duele más que haberlo vivido.
Hoy es para mandar fuerza y plegarias a quienes siguen hospitalizados y a quienes han perdido a un ser querido. Mañana será para además, honrar con acción a los que ya no están.Porque al margen de las responsabilidades que se deriven de las investigaciones, nuestro deber es adquirir conocimientos en primeros auxilios, no debería ser un gesto altruista de unos pocos voluntarios de Protección Civil a los que admiramos y agradecemos. Debería ser un compromiso colectivo. Una formación obligatoria. Inexcusable.
Porque una sociedad verdaderamente cívica no solo se conmueve.También se prepara.


