CLOCO: CUANDO EL YO NO NECESITA POSEER

Hay una diferencia sutil pero decisiva entre lo que somos y lo que creemos que nos pertenece. Entre el yo y el mío. Muchas veces construimos nuestra identidad a partir de lo que poseemos. Mi casa, mi ropa, mi coche, mis cosas. Como si al perderlas nos perdiéramos un poco también. Y así vamos dando a las propiedades un peso que no siempre nos devuelve nada parecido a sentido.

Pero y si fuera al revés. Y si nuestra identidad no se hiciera más grande por lo que acumulamos sino por el uso que damos a las cosas. Por la intención. Por la creatividad. Por la manera única en la que las incorporamos a nuestra vida. Usar algo con conciencia, con juego, con libertad, dice mucho más de quién eres que tenerlo guardado como prueba de estatus.

Ahí está el verdadero cambio de mirada. Pasar del mío al yo. Entender que lo que te define no es la posesión sino la experiencia. No es tener más sino usar mejor. No es comprar para sentir algo sino sentir para vivir más.

Eso es lo que quiero hacer con la ropa. Cambiar el mundo desde el uso. Demostrar que podemos obtener los mismos beneficios emocionales, expresivos y sociales sin comprar más, sin generar residuos, sin gastar por inercia y sin acumular frustración en armarios llenos y almas cansadas.

Compartir, reutilizar, experimentar. Vestir para vivir y no para poseer. Porque cuando el foco vuelve al yo, el mío pierde poder. Y en ese gesto pequeño pero profundo aparece una identidad más ligera, más libre y mucho más rica. 

Deja un comentario