NO CREEMOS A LAS VÍCTIMAS

Son demasiados casos para no reflexionar sobre ello, la violencia sexual  contra las mujeres y niñas.  Y curiosamente a la vez no puedo evitar la imagen de Cercei Lannister recorriendo ese incomparable marco de Dubronik al grito de “Vergüenza”. 

Son muchas las discusiones recientes, sorprendentemente con mujeres, sobre el asunto de la veracidad del relato de las cada vez más valientes víctimas y por qué a veces preferimos agarrarnos a datos irrelevantes para negarlo que solo apoyan la existencia de estas aberrantes historias. 

La ciencia nos dice que nos cuesta creer a una víctima porque nuestro cerebro no busca justicia, busca coherencia y seguridad. Cuando escuchamos un relato de agresión, la amígdala detecta amenaza y el sistema nervioso pide cerrar el tema cuanto antes. Creer implica aceptar una verdad incómoda, esto puede pasar cerca, esto puede pasarme a mí, esto puede estar dentro de mi círculo.

La primera trampa es el sesgo del mundo justo. Si el mundo es justo, la mente respira. Si no lo es, la mente se inquieta. Por eso aparece la pregunta envenenada, qué hizo para que le ocurriera. No es lógica, es regulación del miedo.

La segunda trampa es el efecto halo. Carisma, atractivo, fama, éxito. Nuestro cerebro asocia señales positivas con bondad moral. En neurociencia es un atajo de ahorro cognitivo. En neuromarketing es el mismo mecanismo que hace que confiemos en una marca solo por su estética. En política, en empresa y en medios, se usa como neuroestrategia para blindar reputaciones.

La tercera trampa es el mito de la víctima perfecta. Esperamos un relato lineal, sin dudas, sin contradicciones, y una conducta ideal. El trauma rara vez se comporta así. Bloqueo, disociación, vergüenza y memoria fragmentada son respuestas frecuentes, pero socialmente se leen como sospecha.

Y luego está el coste social. Sobre todo para ala víctima. Creer a una víctima nos obliga a tomar partido, y tomar partido puede romper familias, equipos y comunidades. Para evitar ese precio, la mente elige neutralidad, que en realidad es apoyo al statu quo.

Si quieres una regla simple que nos ayude, aquí va. Cuando te entre la duda, no preguntes por qué no denunció antes. Pregunta qué necesita ahora, para estar a salvo, y para recuperar el control.

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