CUANDO UNA HISTORIA DE AMOR TE ACOMPAÑA TODA LA VIDA

Debía de ser apenas una teenager cuando descubrí en casa la colección de Sarpe de Novelas Inmortales. Aquellos tomos me llamaban desde la estantería como si guardaran un secreto. Empecé por Cumbres Borrascosas y ya no pude parar. Las devoré todas, pero esa historia en particular me impactó de una forma difícil de explicar.

El amor de Cathy y Heathcliff tenía algo salvaje, inevitable. No era un amor cómodo ni razonable. Era de esos que, una vez aparecen, no se pueden esconder ni domesticar. Recuerdo haber entendido muy pronto algo que todavía hoy me acompaña. Solo tenemos una vida y al corazón, cuando habla de verdad, hay que escucharlo. Aunque los demás tengan argumentos, razones o intereses que parezcan más sensatos. Ignorarlo suele acabar siendo un sufrimiento para todos.

Años después me hacía gracia cómo Alf, en aquella querida serie, mencionaba ese drama romántico una y otra vez con humor. Era una forma ligera de recordar que algunas historias se quedan para siempre en la cultura y en la memoria emocional.

Ahora he vuelto a sentir algo parecido al ver la versión cinematográfica. La historia es más breve, como suele ocurrir cuando la literatura se transforma en cine, pero el sentimiento permanece intacto. Esa intensidad que te recuerda que hay amores que no se olvidan ni se sustituyen.

Es difícil salir del cine sin pensar en tu propia Cathy o en tu propio Heathcliff. Y si eres de los afortunados que los tiene cerca, es inevitable sonreír un poco más al volver a casa.

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