CUANDO TODO SE CONVIERTE EN ESPECTÁCULO

Parece que ahora todo el mundo se dedica, de una forma u otra, al entretenimiento. Da igual a qué te dediques. Si quieres captar atención, tienes que entretener. Y entretener, en demasiadas ocasiones, significa provocar, escandalizar, simplificar o repetir lo mismo que ya funciona. Como si el éxito fuese solo fama más dinero más atención.

El problema es que quizá, mientras perseguimos esa fórmula, estamos creando cada vez menos cosas útiles para los demás. Menos ideas que construyen. Menos contenido que ensancha la mirada. Menos trabajo que deje algo valioso cuando pasa el ruido. Copiamos estrategias de atención, las llevamos un poco más lejos, subimos el volumen y alimentamos una rueda que no siempre suma. Muchas veces solo distrae.

Antes una red podía llevarte a un paper interesante, a una TED que te abría la cabeza o a un libro que te obligaba a pensar mejor. Había más sensación de descubrimiento, de acceso al conocimiento, de inspiración real. Ahora todo parece más uniforme. Más de lo mismo. Y en lugar de ampliar horizontes, muchas veces los encogemos. Volvemos a lo conocido, a lo fácil, a lo que no incomoda. Justo a aquello de lo que tanta gente ha huido toda su vida arriesgándolo todo por pensar, crear o vivir de otra manera.

La pregunta no es menor. ¿Estás colaborando con un entretenimiento que no molesta y atonta o estás haciendo el esfuerzo de salir de esa corriente para aportar, construir y ser útil?

Entendamos que el cerebro busca recompensa rápida y por eso el contenido fácil engancha. Pero la atención profunda también se entrena. Reserva cada día un tiempo sin estímulos rápidos para leer, pensar o aprender algo complejo. Lo que alimentas mentalmente acaba moldeando en quién te conviertes. No te conviertas en solo entretenimiento. 

Deja un comentario