MOVERSE TAMBIÉN ES ENTRENAR

Mucha gente me dice que estoy en forma porque hago ejercicio  casi todos los días pero yo no lo tengo tan claro. Nos hemos acostumbrado a una idea incompleta de salud. Creemos que una hora de ejercicio al día nos convierte en personas activas y no siempre es verdad. Puedes entrenar por la mañana y pasar el resto del día sentada. Y el cuerpo lo nota.

Trabajamos sentadas. Comemos sentadas. Descansamos sentadas. Sin darnos cuenta, convertimos la quietud en rutina y luego llamamos vida activa a un único momento del día. Esto me recuerda al meme que lo represente, ir en coche al gimnasio para subirte a una bicicleta estática. 

Por eso este mensaje también es para muchos y también para mí.

Quiero romper esa trampa de pensar que todo se resuelve con una sola sesión de ejercicio. Porque el cuerpo no solo necesita entrenamiento. Necesita presencia. Necesita recordatorios. Necesita pequeñas interrupciones que le digan que sigue importando.

Un estudio de Gao y colaboradores publicado en 2024 en Medicine and Science in Sports and Exercise mostró que interrumpir el tiempo sentado con pausas breves de caminata o sentadillas mejoró el control de la glucosa más que hacer un solo bloque de ejercicio dentro de una jornada larga de sedentarismo. ¿ Cambia esto tu idea? 

No se trata solo de entrenar una hora. Se trata también de no desaparecer de tu cuerpo durante las otras diez.

Por eso quiero convertir esto en un reto conmigo y con quienes me leéis. No contar solo el ejercicio formal. Contar también cuántas veces al día decides volver a ti. Levantarte. Hacer diez sentadillas. Caminar unos pasos. Estirar. Respirar de pie. Recordarle al cuerpo que no está aparcado, que está vivo.

Hoy no busques hacerlo perfecto. Busca hacerlo consciente.

Porque quizá una vida activa no empieza cuando haces más. Empieza cuando dejas de pasar tantas horas sin moverte. Recuerda que solo tienes un cuerpo en el que vivir. 

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